[creo en la vida, en la noche, en tu alma y no creo en todo lo demás...] gracias por tanto viejo
creo en los cafés, en el diálogo, creo en la
dignidad de la persona, creo en la Libertad... [Ernesto Sábato. La Resistencia]


[Me enamoré de este juego de vida, de gusto a sal y extrañas caídas...]

martes, 28 de diciembre de 2010

un segundo.

Él pensba en lo largo que se le había hecho el día de trabajo. Imaginaba un perro que le alegraba la existencia al llegar a su casa, tratando de negar de algún modo que ahora estaba solo. Simultaneameamente abría una caja de sugus confitados, esos que en menos, en menos de un segundo le trajeron recuerdos de su infancia en el barrio de Boedo. Una baldosa salpicó en ese preciso instante, un silencio que colmó el espacio inmenso y gris de la ciudad, un auto que en medio de esa extraña soledad chocaba contra un caño y rompía su luz izquierda delantera; volteó la cabeza casi a la misma vez que el peugeot rojo desvió mientras cruzaba 11 de septiembre, en menos de un segundo. El semáforo se puso en verde para Federico Lacroze y el ruido insoportable de siempre volvió a ser cotidiano, el delivery de la moto del restaurant de la esquina subió por la vereda y el mozo tropezo con la raíz del arból viejo, tirando una copa al suelo que pensó quizás, debería pagarla de su sueldo en menos de un segundo. Terminando de cruzar la estrecha 11 de septiembre, reflexionó sobre lo largo que sería contar estas secuencias y sobre lo extraño y normal que duró el conjunto de actos. No menos de un segundo. Un segundo.

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