Pero cuando esta por explotar el pecho, suelo recurrir a tu espacio, al más allá de los cuadernos azules... quizás a modo de grito desesperado.
Aunque más de una palabra haya pasado desapercibida por más de un espacio cibernético, la ilusión, o mejor dicho esperanza, de que alguien nos tire alguna frase de aliento o se sienta relejada, es más fuerte; y entonces embarcan los sacos de verbos, ideas y conectores a naufragar.
Nunca supe si a alguien habrán llegado estas líneas o las anteriores, siempre mantuve mi teoría de que todo esto se dirige directamente a algún triángulo de las bermudas o algún lado lejano donde no hay impactos o rebotes, y supongo esto, porque nunca obtengo alguna respuesta.
Quizás sea mi propio corazón el que se haya encontrado en estado de triángulo de las bermudas en estos últimos 3 años, donde los sentimientos más sinceros, pasaron a una dimensión desconocida y quedaron casi como censurados. Ahora bien, dicen que al estar conectados con el universo, podemos alinearnos a él y comenzar a ver las cosas más claras. Ahora bien, desde que comenzó este trabajo, pareciera que desde el fondo de alguna Atlantis, comenzaron a surgir efectos que ya creía perdidos y que nunca más iban a volver.
Los días difíciles sacan a flote lo que realmente decidimos cambiar en algún momento de nuestras vidas, solo que creo que a lo largo de estos últimos años, hemos confundido cambiar con tapar...
En las semanas complicadas y melancólicas, previas a otro natalicio (23 para ser exactos) nos sentamos a escribir para poder ver de alguna manera, si ese malestar intranquilo en la boca del estómago, sale a flote. O si nos expresamos a lo porteño, nos sentamos a escribir para ver si de una buena vez podemos ver que carajos nos pasa.
Un año se va.
CONTINUARÁ










