Envuelta en una madeja de frazadas, en este domingo de lluvia, mira el techo y no se decide a salir.La atrapa el sueño, cierra sus ojos, no se quiere dormir.
En este instante de soledad, le conversa a su corazón sobre este estado de animo, cuando ya no entiende cuantos cuerpos pasajeros van a irrumpir en el andar. Se detiene alrededor de 3 minutos y se da cuenta que ya, que ya no es lo es mismo cuando un par de ojos no se dejaron olvidar, cuando de todos los esqueletos solo uno llegó hasta el lugar a acomodar su alma.
No comprende, entre tantas palabras, por qué la sensaciones son más fuertes y se detiene en un repentino ''es que no quiere nada más, nada más que eso''. Hace autocontrol abrazando la almohada de sonrisas y ganas de hablar, se las guarda una vez más porque claro, ''es que no quiere nada más, nada más que eso''. Se pone sus pantuflas gigantes, maquillaje corrido y las ganas hechas un bollo le repite a su cerebro que tiene mucho para dar y entonces escribe, que ya uno solo no es esqueleto pero que error que pueda llegar a estar tan cerca, que error no largar nada, que error tragar saliva, que error guardarse las ganas y cuánto más podrá resistirse a no dar un abrazo de esos fuertes que protegen de las lluvias más que unas frazadas.
Y quiere que le den un abrazo pero que error llegar a estar tan cerca
Pero igual quiere ese abrazo, y si es de quien no es más esqueleto, mejor...
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