[creo en la vida, en la noche, en tu alma y no creo en todo lo demás...] gracias por tanto viejo
creo en los cafés, en el diálogo, creo en la
dignidad de la persona, creo en la Libertad... [Ernesto Sábato. La Resistencia]


[Me enamoré de este juego de vida, de gusto a sal y extrañas caídas...]

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Apartado postal

Querida Renata: 

                            
                                            Nos han enseñado que las mujeres como nosotras somos ridículas y avergonzamos a los de afuera. Nos han dicho por ahí que la femineidad no nos pertenece, que sentir demasiado es erróneo, que al deseo hay que pensarlo.
      Ay Renata! creo que nos han engañado todo este tiempo y nos hemos dejado engañar. Hablan de libertad y se ponen un traje, usan zapatos, usan polleras ajustadas grises y negras; si, grises y negras y así encajan en la sociedad, así se desenvuelven, así viven felices, así nos miran mal. Y además de la libertad pautada y escrita, de esa libertad sellada en un contrato te meten el verso de que las almas le pertenecen a un Dios. Si! hasta eso nos mencionan con el nombre de Libertad!
      Ay Renata! creo que nos han engañado todo este tiempo y nos hemos dejado engañar. No me hizo falta mirarme al espejo para entender que las almas libres son aquellas que bailan desenfrenadamente sin importar lo que piense el resto, que las almas libres son las que eligen crecer en aquello que les gusta y se superan a ellas mismas sin competir. Son las almas libres las que se ponen una nariz de payaso y quedan al desnudo, las que se ríen solas en un colectivo a carcajadas, las que no saben hacer las cosas pero igual las hacen, las que roban sonrisas con y sin intención; las que sin buscarlo enamoran a los cobardes, a los valientes y a la vida en general. Renata mía, las almas libres son las que juegan con las angustias y eligen, ELIGEN, y eligen porque tienen un deseo y no lo suprimen con ese enemigo tan frecuente denominado cerebro pensante. Almas libres son, compañera, las que aman, las que cruzan límites, las que cuanto menos tienen más se las rebuscan para seguir, las que se pegan un golpe y siguen saltando; las que no ven la caida, sino el ponerse de pie.
      Almas libres, mi querida, son las que avergüenzan a esas personas comunes que hablan de libertad, a los mediocres presos de las leyes y los estatutos que impone esta cultura de censura, esta sociedad.
      Ay Renata, amiga! nos han engañado todo este tiempo diciéndonos los cristianos, que el deseo es pecado. Pero ¿qué más decirte si no soy yo gran conocedora de religiones ni de mundos grises ensartados de maletas, zapatos y trajes. Conozco lo suficiente a la gran cantidad de personas que intentan censurarme el deseo, pero que más da! Yo prefiero encontrarme con el presente y transitarlo, pues el pasado es angustia y el futuro es incierto, claro, si será consecuencia del ahora. Voy a tomar este presente y hacerlo mio, a sentir la infancia aunque sea por un rato, pero ¿qué hablo en futuro!? Agarro este presente y...
      Ay Renata! Vamos a jugar, yo invito!

                                                                      Farolito


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